LYDIA CACHO RIBEIRO
A vida de Lydia Cacho Ribeiro consagrouna a defensa dos direitos dos máis indefensos, a muller e os nenos, nun lugar onde o cotidián é cometer abusos aberrantes contra este sector da población.
Antes de publicar o libro “Os Demos do Edén” (2005), nunha das conversas que tuvo co seu compañeiro, este comentoulle: “Estou contigo no teu compromiso e na tua loita. Pero o que non che perdoaria e que te asesinaran e que só ti teñas a versión de como ocurriron as cousas”. Nel relata historias como a de Gabriela : “Gabriela, ahora de 29 años de edad, casada y con dos niños, asegura que fue víctima de Succar hace 14 años. Que la llevó una amiguita de la escuela, junto con otras ocho niñas. De esas ocho algunas se quedaron y fueron forzadas por Succar a llevar a otras niñas y niños. Ante la pregunta expresa de cuántos menores creen que Jean Succar y Gloria Pita llegaron a fotografiar, y a forzar a tener sexo para grabar videos en esos tiempos, Gabriela, con los ojos arrasados de lágrimas, calcula que quizá se trate de cientos de criaturas”.
A publicación deste libro provocou a sua detención por axentes xudiciais que a extragaron psicolóxicamente e sexualmente. Políticos, homes de negocios, ….. e demais corruptelas que se benefician da vil explotación dos máis débiles, provocou esta demostración de Poder sobre Lydia Cacho, para que non esqueza que a sua vida ten a duración que eles lle queiran dar.
Esta criatura extraordinaria ten no seu blog no artigo “A arbre das miñas lembranzas”, podemos leer este trociño que interpreta o papel e destino dos contadores de historias no noso pasado cando non tíñamos ondas herzianas, nin das outras, controladas por quen as controla:
Quiero ir al bosque de Baobabs, le pido. Él me cuenta la anécdota de cómo los Wolofs mantuvieron su historia viva.
Son una de las etnias más importantes del Africa negra, y sin embargo no desarrollaron ningún tipo de escritura, ni siquiera grafología; nunca pintaron nada. Es por ello que los contadores de historia eran primordiales en todos los reinos; y a pesar de su importancia, de recorrer las tribus de una en una contando cuando, cómo y por qué sucedía la vida… la paz, la guerra los nacimientos y las muertes en Senegal y Burkina Fasso, los historiadores ambulantes eran considerados una casta indigna. Cuando fallecían, para no ensuciar la tierra con sus cuerpos difuntos, los enarbolaban en un orificio labrado en los Baobabs. Luego el árbol poco a poco cubría con su corteza el área por la cuál entraba el cuerpo y poco a poco, con los años llegaba a convertirse apenas una boca abierta, en un ojo para mirar al mundo desde adentro.
Así es como los bosques de Baobabs se convirtieron en el espíritu de la memoria africana y, en ellos, con el ojo de mi cámara descubro rostros y miradas milenarias. Un viento fresco recorre mi cuerpo, soy testiga muda de una presencia inexplicable. Del origen…